“La obra de teatro será entregada al elenco del Teatro Municipal de Carahue para su montaje a 80 años de la tragedia”
Una embarcación que se hunde, mueren 80 pasajeros. Es el verano de 1948 en Carahue, región de La Araucanía, y la tragedia que se vive en el río Imperial se difunde por todo el país. Esta historia llega, por casualidad, a los oídos de Kjesed Faundes Encina, actriz, directora de Colombina Teatro (El Tabo) y periodista cultural con 20 años de trayectoria en teatro, guiones, formación comunitaria y producción cultural.
Luego de descubrir que el capitán del vapor era su abuelo, Kjesed inicia una investigación que busca desarrollar un texto dramatúrgico para llevar a escena, y aportar tanto a su propia historia familiar como a la memoria de la costa de La Araucanía.
Durante estos meses se encuentra realizando su residencia “Memorias de un naufragio”, en el marco de las residencias Txawün 2026, inspiradas en el hundimiento del vapor Cautín que trajo consigo el fin del Imperial navegable.
¿Cómo nace la idea de investigar el naufragio del Vapor Cautín y qué te llevó a convertir esta historia en el punto de partida para una creación desde la dramaturgia?
Me encontré por casualidad con esta historia y me dolió profundamente porque involucra a miembros de mi linaje paterno, que hasta el momento eran desconocidos para mí: buscando en Google descubrí que soy nieta del capitán.
Este acontecimiento se me apareció de repente como una de las tragedias más grandes de los ríos de Chile, literal como una tragedia (que es un género que no suelo explorar) y como una conexión con eso que muchas personas viven en un país de “guachos”, que es desconocer las herencias de los padres ausentes; entonces para mí investigar y contar esta historia se transformó casi que en un mandato.
Quise ir a Carahue. Pensé que si una vez alguien de mi familia hizo tanto llorar en estas tierras, lo mínimo que yo podría hacer era ir a hacer algo diferente. Así que llevé una de mis obras de teatro (una comedia) y tras revelar mi relación con el capitán, comencé a conocer personas que han desmantelado mis prejuicios, que han sido generosos al compartir sus historias, compasivos con esta “herencia” y me han mostrado caminos para investigar. Me di cuenta de lo viva que aún está la memoria y la fractura que dejó en cientos de familias, en un hecho que no sólo afectó a personas vecinas del río Imperial, si no que tuvo impacto a nivel nacional, pues fue detonante para terminar con el transporte fluvial y sentó precedentes jurídicos en cuanto a la culpa, la responsabilidad y la imprudencia en los casos de negligencias.
Entonces supe que tenía que tirar el hilo y escribir. Investigar con este apellido que alguna vez estuvo prohibido y que hoy abre puertas para este trabajo, producir un guión que dé a conocer esta historia y que nos ayude a reflexionar sobre la memoria, la justicia, el dolor y las ausencias.
Tu proyecto se construye a partir de testimonios y memoria oral, especialmente en la cuenca de los ríos Cautín e Imperial. ¿Qué lugar ocupa la escucha en tu proceso creativo y qué esperas descubrir durante esta residencia?
Un lugar vital porque la causa judicial en los tribunales no existe, al parecer está perdida. Lo que hoy queda es la memoria viva, la fractura en las familias que perdieron padres, abuelas o hermanos en el río y aquello que se contó desde 1948 en adelante, de generación en generación y que ha crecido con mitos, secretos y un número indeterminado de víctimas.
Ha sido muy bonito descubrir cómo se preserva la memoria más allá del archivo, que se hicieron canciones, poemas y libros, homenajes que se suman a la conmemoración que cada año se hace en Nehuentúe, plaquitas conmemorativas de comunidades que rinden homenajes a sus muertos, porque la historia oficial no recuerda esta tragedia, no la cuenta en las salas de clases ni la problematiza como testimonio de una época y del dolor del olvido. Y espero encontrar el teatro que hay tras este pedacito de Chile y poder escribirlo.
Fuiste seleccionada a través de una convocatoria abierta para realizar esta residencia en Txawün. ¿Qué significó para ti esta oportunidad y cuáles han sido hasta ahora los principales hallazgos o desafíos?
Fue una hermosa noticia y un apoyo fundamental, ya que poder estar en el territorio, preguntarle a cuánta persona se cruzó por delante si conocía la historia o si sabía del naufragio, revisar archivos locales y entrevistar a especialistas, testigos o familiares, le da un sustento real a este trabajo, el que si bien se enmarca en el campo de la ficción, tengo el deber de hacer con el respeto y el cuidado que esa memoria -que aún está tan viva en las familias de las víctimas-, se merece. Más si soy nieta del capitán.
Fue muy interesante además contar con el apoyo de una organización como En Tránsito, intercambiar ideas con los artistas locales, conocer su espacio de práctica y darme cuenta de que aún en la pre-cordillera, también es un tema vigente el naufragio del Cautín.
Hasta el momento tengo bastante claridad en el itinerario del vapor y su naufragio, los personajes que quiero representar y algunos motivos de los viajes truncados. Descubrí que el papá de Neruda era de los maquinistas que hacían la ruta Temuco – Carahue, que en la fiesta de San Sebastián se celebraban bautismos colectivos y por eso había tantas mujeres con niños pequeños entre las víctimas y conocí a un tío paterno, a quién sin duda le agradezco haber confiado también las historias de una familia desolada por la responsabilidad del accidente.
Y le agradezco enormemente a Txawün por hacerlo posible, y a don Bernardo Castro de Nehuentúe, Bioro Palma de Carahue, a Eugenia Vivanco de Pto. Saavedra, al párroco Humberto Fuentealba y la diócesis de Temuco, al escritor Carlos García, al MINCAP y a Julio Molina por acompañarme en este viaje, qué es un descubrimiento también de mis propias raíces.
¿En qué momento del proceso se encuentra Memoria de un naufragio y qué esperas que permanezca en el público cuando la obra finalmente llegue a escena?
Estoy sistematizando el material que recogí en la residencia, buscando la voz del capitán que es lo más complejo y trabajando en darle sentido en el presente. La obra de teatro será entregada al elenco del Teatro Municipal de Carahue para su montaje a 80 años de la tragedia y espero que sea un bonito regalo para la comunidad, que presente en escena un pedacito de su historia y ayude a recordar y hacer visible un episodio que no puede -cómo tantas cosas injustas de nuestro país- también naufragar en el olvido. Me gustaría que fuera como un abrazo textual, que transforme esa pena histórica en una reivindicación de la memoria, de sus muertos y de sus héroes; una reconciliación entre las historias que nos entrecruzan y un medio que pueda presentar esta historia en otros rincones de Chile, a través del teatro.
